El 3 de diciembre se celebra la fiesta de San Francisco Javier, considerado, junto con Santa Teresita de Lisieux, patrono de las misiones. Esto es porque durante su vida se dedicó a llevar el Evangelio a lugares remotos en ese entonces, como China y Japón.
Nacido en el año 1506 en el Castillo de Xabier, en el Reino de Navarra, a los 19 años se trasladó a París para estudiar en la Universidad de la Sorbona. Estando allí conoció a Ignacio de Loyola, con quien luego de unos años fundó la Compañía de Jesús.
Después de esa conversión, nada lo detuvo, nada impidió que continuara con su misión. “¡Ay de mí si no evangelizara!”, repetía. Ni las distancias ni las distintas lenguas fueron un impedimento para él. Tampoco lo fueron la peste ni prohibiciones de entrar en algunas ciudades.
Murió el 3 de diciembre de 1552, mientras realizaba los preparativos para entrar en China. En 1619 fue beatificado por Pablo V, y tres años después fue canonizado por Gregorio XV.
La misión
La misión es un llamado y un envío, a través del cual difundimos el Evangelio y llevamos el mensaje de Dios a nuestros hermanos. Es una respuesta de aquel quien tiene puesta su confianza en Dios, y que, al haber experimentado su amor, siente el profundo deseo de compartirlo y darlo a conocer.
Este deseo se dio muy fuertemente en un matrimonio de la comunidad de la Catedral: Alfonso y María. Surgió concretamente en una charla con Tomás, un amigo de su hija, y sin perder el tiempo se pusieron en contacto con unos sacerdotes de Puerto Libertad.
Fueron entusiasmando a otras personas, y así fue como se dirigieron a Misiones junto con un grupo de jóvenes, confiando en que esa misión era de Dios.
”Ni María ni yo habíamos misionado nunca, y nos entusiasmaba poder participar de esto en familia y con otros amigos que también se sumaron. Fue una experiencia sumamente importante en nuestras vidas”, destaca Alfonso. “La palabra que se me cruza es de inmensa gratitud con el creador por todo lo recibido. Volvimos con el corazón enorme, agrandado, gigante, con ganas de volver.”
Al regresar de la misión, dieron un testimonio luego de una misa, y hubo muchos adultos interesados en misionar. Quizás, sea el inicio de un nuevo grupo misionero. Nunca es tarde para acudir a la llamada de Dios.
Publicado en la Revista Bienaventurados/diciembre 2013
